En una votación marcada por la polarización partidista, el Senado de los Estados Unidos, de mayoría republicana, bloqueó este martes una resolución que buscaba limitar la capacidad del presidente Donald Trump para iniciar acciones militares contra Cuba. La medida pretendía obligar al Ejecutivo a obtener la autorización previa del Congreso, amparándose en la Constitución.
La resolución fue rechazada con 51 votos en contra y 47 a favor. Mientras los republicanos sostienen que no existen hostilidades activas que justifiquen la medida, los demócratas, liderados por el senador Tim Kaine, argumentan que el cerco energético contra la isla ya califica como una agresión bélica.
El Debate sobre los Poderes de Guerra
La confrontación política gira en torno a la interpretación de la Constitución de EE.UU. y la autoridad del Comandante en Jefe.
- Argumento Legislativo: Según la Carta Magna, el Congreso es el único ente con facultad para declarar la guerra.
- Postura de la Casa Blanca: La administración Trump sostiene que las operaciones a corto plazo y la respuesta a «amenazas inmediatas» entran dentro de sus facultades ejecutivas.
- Precedentes: Este revés se suma a intentos fallidos previos del Senado por frenar acciones militares en Venezuela e Irán, consolidando una tendencia de autonomía para la Casa Blanca en política exterior.
La «Emergencia Nacional» y la Amenaza Cubana
El contexto de la votación está condicionado por la orden ejecutiva del 29 de enero, donde Trump declaró una «emergencia nacional» alegando que Cuba representa una amenaza para la seguridad estadounidense por su alianza con Rusia y China.
Esto ha derivado en:
- Imposición de aranceles a países que suministren petróleo a la isla.
- Amenazas de represalias contra socios comerciales de La Habana.
- Reforzamiento del bloqueo económico vigente por más de seis décadas.
Reacción del Gobierno Cubano
La Habana ha rechazado categóricamente las acusaciones de albergar capacidades militares extranjeras o grupos terroristas. El presidente de Cuba calificó las medidas como una evidencia de la naturaleza «fascista y genocida» de la actual administración estadounidense, advirtiendo que la nación defenderá su integridad territorial ante cualquier escalada.






