Ni el sol incandescente que baña el Puente sobre el Lago ni la brisa fresca del Golfo guardan tanto calor como el dialecto del zuliano. Decir que en el Zulia, y especialmente en Maracaibo, se habla con el alma no es una metáfora: es una realidad que se escucha en cada esquina, en el abasto, en la cola del carrito por puesto y en la tertulia bajo una mata de mango o en el frente de la casa.
Esa forma única de nombrar al mundo cruzó el Océano Atlántico para quedar inmortalizada en las páginas sagradas de la Real Academia Española (RAE). En el corazón del catálogo académico resalta con luz propia una voz que es marca registrada del acento zuliano: la palabra «vergación».
Uso popular y multifacético
Lejos de la rigidez de las viejas gramáticas, la RAE reconoció el uso popular y multifacético que se le da a esta expresión como interjección de asombro, protesta, énfasis o simple camaradería. Escuchar un «¡Vergación de calor!» o «¡Vergación, este carajito sí es inteligente!» ya no es solo una estampida de identidad zuliana; es, oficialmente, patrimonio de la lengua castellana.
El Diccionario de la Lengua Española define la palabra de esta forma: “Interjección malsonante. Venezuela. Usado para expresar sorpresa, protesta, disgusto o rechazo”.
81 venezolanismos conquistan la lengua castellana
La inclusión de «vergación» forma parte de un hito histórico para la lingüística nacional. Un total de 81 venezolanismos y 126 gentilicios aprobó e incorporó recientemente la academia.
El profesor Luis Barrera Linares, Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua e integrante de la RAE, celebró la noticia a través de su cuenta en la red social X.
«81 nuevos venezolanismos han sido documentados e incorporados a la nueva edición del DLE. Orgullo identitario. Aquí algunos: alpargatuda, alpargatudo; antiparabólico, catorcera, arrebiate, arrejunte, coletear, asquerosito, cachachá; atajaperros… Español, lengua bendita», escribió.
Voces criollas
Entre la nutrida lista de voces criollas y zulianas que ahora forman parte del diccionario oficial destacan:
Sabores y costumbres: Mandoca, guayoyo, asquerosito.
Idiosincrasia y expresiones: Sifrino/sifrina, hablapaja, matraquear, frasquitera, firifiri, fomentera, chocancia, caligüeva, bonchona.
Acciones cotidianas: Enchinchorrarse, coñaza, catajarria, empichacar, esmachetarse y quiquirigüiqui.
La zulianidad como motor de la lengua
Para el habitante de la «tierra del sol amada», el lenguaje no es un conjunto estático de reglas, sino una fiesta viva. Con su voseo particular, su cadencia rápida y sus giros hiperbólicos, el habla del zuliano demuestra que la lengua castellana se reinventa a diario desde la calle y la memoria popular.
Que la RAE recoja la expresividad de nuestra tierra confirma lo que en la capital zuliana se ha sabido siempre: que la forma de hablar del marabino tiene una fuerza poética e identitaria capaz de contagiar al mundo entero.






