Marius Borg Hoiby, hijo de la princesa heredera Mette-Marit de Noruega, se quebró el viernes al tomar la palabra durante el arranque de su juicio por 40 delitos sexuales, incluidos cuatro violaciones, en el Distrito de Oslo.
Al concluir la jornada de presentación de pruebas, su abogado, Petar Sekulic, indicó que Hoiby deseaba expresarse antes del inicio formal del proceso, que continuará el próximo lunes.
“La presión mediática a la que he estado sometido me ha borrado como persona. Ya no soy Marius, soy un monstruo. Soy el blanco del odio de toda Noruega”, expresó el joven de 29 años con voz temblorosa, según medios locales.
Hoiby añadió que su vida social se ha deteriorado casi por completo: aproximadamente el 98 % de sus amigos han dejado de relacionarse con él, y teme que la percepción pública afecte a quienes aún se mantienen a su lado.
“Mis mejores amigos no me invitan a sus cumpleaños, porque temen que otros amigos piensen que son tontos por ser amigos míos”, relató.
“Salir en el periódico todos los días te afecta como persona. Ya no sé quién soy. No me reconozco en lo que escriben sobre mí. ‘El monstruo de Marius’, como todos quieren que sea… no entiendo esta campaña mediática”, agregó.
Un caso sensible para la monarquía noruega
El juicio de Hoiby representa un desafío para la Casa Real de Noruega, debido a su relación familiar con la princesa heredera Mette-Marit. Aunque no posee títulos nobiliarios ni derechos sucesorios, la atención mediática sobre el proceso ha generado presión pública y debate sobre la imagen de la familia real.
El caso coincide con un momento complicado para la monarquía, luego de la publicación de correos electrónicos que documentan la relación mantenida entre Mette-Marit y el fallecido Jeffrey Epstein, reconocido delincuente sexual.






