La capital zuliana pierde a uno de sus referentes culturales más queridos. Este lunes 29 de diciembre se confirmó el fallecimiento de Manuel Nelson Chirinos, recordado por todos como El Último Patiquín de la Plaza Baralt. El ilustre personaje, quien dio vida y elegancia al centro de la ciudad durante décadas, murió a los 95 años tras enfrentar complicaciones respiratorias y cardíacas.
Un ícono de elegancia y servicio
Nacido en Dabajuro de madre larense y padre trinitario, Nelson Chirinos llegó a Maracaibo a los 7 años. Es padre de los periodistas Willy Nelson y Winael Nelson, fallecido el pasado mes de octubre.
En la ciudad del sol, que lo adoptó como hijo suyo, construyó una trayectoria impecable. Durante más de 40 años, ejerció como enfermero en los principales centros asistenciales, incluyendo el Hospital Universitario de Maracaibo y el Hospital Adolfo Pons, donde obtuvo su jubilación. Sin embargo, su verdadera fama creció en el casco central, donde El Último Patiquín de la Plaza Baralt instaló su oficina al aire libre para seguir sirviendo a la medicina con un carisma inconfundible.
Su vestimenta lo definía como un caballero de otra época. A pesar del intenso calor marabino, nunca abandonó su chaleco, sus zapatos de sastre y su característica colección de sombreros. Según relatan sus familiares, el carismático enfermero poseía un guardarropa diseñado a medida y jamás repetía combinaciones, manteniendo siempre un brillo impecable en su calzado. Esta pulcritud convirtió a Manuel Nelson Chirinos en un símbolo de la historia marabina, la resistencia cultural y el civismo en el Zulia.
Detalles del acto velatorio
La familia Nelson informó que el acto velatorio de El Último Patiquín de la Plaza Baralt se realizará este lunes en la capilla La Asunción, situada en la avenida La Limpia. Sus restos permanecerán en dicho recinto hasta las 9:00 de la mañana del martes 30 de diciembre.
El sepelio tendrá lugar este martes a las 11:00 de la mañana en el cementerio Corazón de Jesús. La partida de este personaje deja un vacío inmenso en el costumbrismo y la identidad cultural de Maracaibo, pero su legado de elegancia, educación, cortesía, y servicio permanecerá en la memoria de quienes lo vieron caminar, con paso firme y sombrero en mano, por las baldosas de la histórica plaza.






