Endometriosis: nueva técnica usa sangre menstrual para detectarla

Emma Backlund tenía 11 años cuando tuvo su primera menstruación y pensó que se moría. Durante 13 años vivió con dolor ardiente, vómitos mensuales y ausencias escolares sin saber que padecía endometriosis, un trastorno crónico en el que el tejido que recubre el útero crece fuera de él. Su diagnóstico llegó recién a los 24 años, tras una laparoscopia.

Su historia no es excepcional: la endometriosis afecta a 190 millones de personas en el mundo —una décima parte de las mujeres en edad reproductiva— y tarda en promedio entre 5 y 12 años en ser diagnosticada, en gran medida porque su confirmación requiere cirugía.

Pero un grupo de investigadores y startups biotecnológicas cree haber encontrado una alternativa: la sangre menstrual.

Una «biopsia natural» ignorada durante siglos

La orina se analiza clínicamente desde hace 6.000 años. La sangre venosa, desde hace dos siglos. La sangre menstrual, en cambio, ha sido sistemáticamente ignorada por la medicina. Y sin embargo, es un fluido extraordinariamente rico: además de sangre, contiene proteínas, hormonas, bacterias, tejido endometrial y células de los ovarios, las trompas de Falopio y el cuello uterino. Un estudio identificó 385 proteínas presentes exclusivamente en este fluido.

«Es básicamente una biopsia natural que proporciona información sobre los órganos reproductivos», afirma Ridhi Tariyal, cofundadora y directora ejecutiva de NextGen Jane, empresa que desde 2014 ha analizado más de 2.000 muestras menstruales de más de 330 mujeres mediante tampones especialmente diseñados.

Biomarcadores de endometriosis: los hallazgos más prometedores

La bióloga reproductiva Christine Metz, del Instituto Feinstein de Investigación Médica de Northwell Health, lleva más de una década estudiando la sangre menstrual. Sus investigaciones con más de 3.700 mujeres han identificado diferencias concretas en quienes padecen endometriosis: menos células asesinas naturales en el útero —vinculadas a la fertilidad y la implantación del embrión—, fibroblastos con mayor actividad inflamatoria y alteraciones en la expresión de ciertos genes.

Metz espera solicitar la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) para un kit de diagnóstico casero basado en sangre menstrual en 2027. NextGen Jane, por su parte, recibió en mayo de 2025 una subvención de 2,2 millones de dólares para validar clínicamente su propia prueba.

Más allá de la endometriosis

La utilidad de la sangre menstrual no se limita a un solo diagnóstico. La startup californiana Qvin demostró en estudios realizados entre 2021 y 2024 que los niveles de azúcar en sangre medidos en el fluido menstrual reflejan de forma fiable la glucemia en todo el cuerpo. En 2024, la FDA aprobó su dispositivo Q-Pad, la primera compresa con tira de análisis para medir glucemia menstrual. La misma empresa está evaluando si el producto puede detectar cepas de alto riesgo de VPH, así como infecciones de transmisión sexual como clamidia y gonorrea.

Investigadores también exploran su potencial para identificar enfermedades autoinmunes como el hipotiroidismo, la artritis reumatoide, el lupus y la esclerosis múltiple, así como toxinas ambientales. La startup berlinesa thebloodtrabaja en un kit para predecir endometriosis, menopausia precoz y síndrome de ovario poliquístico.

El estigma y el sesgo de género que frenaron la ciencia

Gran parte del potencial de la sangre menstrual sigue inexplorado, en parte por el tabú cultural que rodea la menstruación y, en parte, por el histórico sesgo masculino en la investigación médica. En 2020, los estudios sobre salud femenina representaron apenas el 5% de la financiación global en investigación y desarrollo. «Se invierte más dinero en la calvicie de patrón masculino que en la endometriosis», señaló Mads Lillelund, codirector ejecutivo de Qvin.

La tendencia empieza a revertirse: en julio de 2025, el MIT lanzó una iniciativa de 10 millones de dólares para estudiar el impacto del ciclo menstrual en el sistema inmunológico. Y en Europa está surgiendo el primer biobanco menstrual, liderado por la emprendedora británica Karli Büchling, que espera abrir sus muestras a investigadores para finales de 2026.

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