Perú vive horas de intensa incertidumbre política tras la celebración de una reñida segunda vuelta presidencial. El proceso de escrutinio avanza con extrema cautela y refleja una diferencia mínima entre la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, y el líder de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez. La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) ha evitado fijar horarios estrictos para la emisión de nuevos boletines, lo que incrementa las expectativas en una ciudadanía profundamente polarizada.
Los primeros sondeos a boca de urna ratificaron un empate técnico histórico. Mientras Fujimori consolidó una ventaja contundente en Lima y los principales centros urbanos de la costa, Sánchez obtuvo un respaldo masivo en las zonas rurales y las regiones del interior del país, dejando en evidencia la persistente fractura geográfica y social del electorado peruano.
El peso del voto rural y del extranjero
Analistas políticos locales advierten que la tendencia inicial podría reconfigurarse en las próximas horas debido a la logística electoral. Tradicionalmente, las actas procedentes de las comunidades andinas y amazónicas tardan más tiempo en ser trasladadas y procesadas en los centros de cómputo informático. Asimismo, el voto de los peruanos en el exterior —que históricamente suele inclinarse hacia posturas conservadoras— jugará un papel decisivo en la resolución de esta ajustada contienda.
A pesar de la paridad en las cifras, las misiones de observación internacional de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y de la Unión Europea calificaron la jornada de votación como pacífica y ordenada. Ambos aspirantes a la presidencia han instado a sus militantes a mantener la calma y vigilar el conteo formal, comprometiéndose a respetar la voluntad popular una vez que se valide hasta la última acta.






