El gobierno de Ecuador desplegó 4.000 policías y militares en Quito para reforzar la seguridad en la capital, tras el hallazgo de un cuerpo decapitado y múltiples denuncias por la desaparición de personas registradas en las últimas semanas. Aunque la urbe no alcanza los niveles de violencia de Guayaquil, epicentro del narcotráfico, la criminalidad afecta a la ciudad, la cual se encuentra bajo estado de excepción desde mediados de junio.
El ministro del Interior, John Reimberg, señaló en una entrevista que la situación en la capital no es crítica, pero destacó la determinación de actuar preventivamente. Las fuerzas de seguridad se ubicarán en las afueras de escuelas, colegios, universidades, centros comerciales y estaciones de metro el tiempo que sea necesario.
Violencia y medidas de contención
La semana pasada, un cuerpo embalado y decapitado apareció colgado en un puente de la ciudad, sumándose a denuncias de personas desaparecidas, ataques armados y homicidios en sectores populares. El ministro Reimberg aseguró que esta criminalidad es respuesta al asestado contra los grupos delictivos.
Por su parte, el alcalde de Quito, Pabel Muñoz, advirtió sobre la gravedad de permitir que la delincuencia organizada gane terreno en la capital. Ecuador afronta una crisis de seguridad producto del enfrentamiento de organizaciones dedicadas al narcotráfico, la minería ilegal, el secuestro y la extorsión.






