El recrudecimiento de la violencia en el Golfo Pérsico alcanza niveles críticos tras la incursión conjunta de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní. La operación, iniciada el pasado 28 de febrero bajo el argumento de neutralizar capacidades nucleares, ha desatado la respuesta inmediata de Teherán mediante la operación militar «Promesa Verdadera 4», impactando bases estadounidenses y puertos estratégicos en la región.
Escalada de ataques y despliegue militar
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) confirmó la ejecución de casi 30 oleadas de ataques contra 27 bases militares en Oriente Medio. Entre los objetivos alcanzados destacan la base aérea de Al Udeid en Catar y la refinería de Ras Tanura en Arabia Saudita, afectando el procesamiento de más de 500.000 barriles de crudo diarios.
Por su parte, el Comando Central de EE. UU. (CENTCOM) informó haber neutralizado más de 3.000 objetivos dentro de Irán, incluyendo sistemas de defensa aérea y centros de mando. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, advirtió que Washington está dispuesto a llegar «tan lejos como haga falta», dejando abierta la posibilidad de un despliegue de fuerzas terrestres dentro de la República Islámica.
Expansión regional y crisis energética
La confrontación ya no se limita a las fronteras de los actores principales. Las hostilidades se han extendido a Líbano, donde Israel bombardea Beirut en su lucha contra Hezbolá, mientras que drones y misiles han sido reportados en los cielos de Turquía, Chipre y Azerbaiyán.
Esta inestabilidad ha provocado un repunte inmediato en los precios del petróleo, generando incertidumbre en los mercados energéticos globales ante la posible interrupción del flujo de crudo en el Estrecho de Ormuz.
Agencias/OZ






