Los horarios irregulares de comida podría aumentar el riesgo de sufrir depresión

Un nuevo estudio científico revela que comer de forma irregular eleva el riesgo de padecer depresión

Una reciente investigación científica publicada en el Journal of Affective Disorders concluyó que saltarse las comidas u mantener horarios de alimentación desordenados perjudica gravemente la salud cerebral. Los resultados del análisis determinaron de forma contundente que comer de forma irregular eleva el riesgo de padecer depresión, aportando nuevas evidencias sobre la conexión directa entre la nutrición y el bienestar emocional.

Para evaluar los patrones alimenticios de la población, el equipo de investigadores analizó los datos de 21.568 adultos mayores de 19 años. La información provino de la encuesta nacional de salud de Corea (KNHANES), recopilada entre los años 2014 y 2022. El estudio catalogó bajo el término de «irregular» a toda persona que consumiera alguna de las tres comidas principales menos de cinco veces por semana.

Evaluando los síntomas metabólicos y la calidad dietética

Los científicos midieron la presencia de síntomas depresivos en los participantes mediante el cuestionario estandarizado PHQ-9. Asimismo, los expertos registraron la presencia de seis grupos alimenticios clave en las dietas habituales: lácteos, carnes, cereales, legumbres/frutos secos, verduras y frutas. Tras ajustar variables socioeconómicas y de estilo de vida, los datos revelaron que desajustar los horarios eleva hasta 1,55 veces el riesgo de padecer un cuadro depresivo en comparación con mantener una rutina fija.

El impacto negativo se agrava conforme aumenta la irregularidad de los horarios de alimentación, mostrando una severidad mucho mayor en perfiles específicos como hombres, fumadores habituales y personas que acostumbran cenar tarde.

Omitir el desayuno y la importancia del aporte nutricional

El equipo de investigadores concluyó además que omitir el desayuno potencia la vulnerabilidad neurológica ante este desajuste de la rutina. No obstante, la calidad de la alimentación actúa como un factor protector fundamental: aquellas personas que mantienen una dieta variada y rica en nutrientes esenciales sufren un menor impacto negativo por la irregularidad horaria que los individuos con menús desequilibrados.

Debido a que el cerebro humano requiere aproximadamente un 20 % de la energía total del organismo, el órgano demanda un suministro nutricional constante para operar de forma correcta. Esta rigurosa exigencia metabólica vincula de forma directa la disciplina alimentaria con la salud mental, proporcionando datos clave para que los profesionales de la medicina diseñen tratamientos psiquiátricos y psicológicos a la medida de los pacientes.

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