En medio de tensiones comerciales y geopolíticas con Estados Unidos, China avanza en una estrategia para convertirse en la principal potencia tecnológica del mundo, con una fuerte apuesta por la innovación y el desarrollo interno.
El presidente Xi Jinping impulsa este enfoque a través del nuevo Plan Quinquenal, aprobado recientemente en Beijing, que establece las prioridades económicas y tecnológicas del país para los próximos cinco años.
El documento traza una hoja de ruta centrada en modernizar el sector industrial, fortalecer la autosuficiencia tecnológica y acelerar el desarrollo de áreas clave como la inteligencia artificial, la robótica, la industria aeroespacial y la computación cuántica.

De alcanzar a Occidente a liderar el mundo
Expertos señalan que China ha cambiado su enfoque estratégico. “Por primera vez, China quiere ser líder en varias tecnologías. Antes, el objetivo era igualar a Occidente”, explicó Dan Wang, de la consultora Eurasia Group.
El plan también contempla aumentar la inversión en ciencia y tecnología en al menos 10 % anual, así como expandir el gasto en investigación y desarrollo en un mínimo de 7 % cada año.
En particular, la inteligencia artificial destaca como eje central, con más de 50 menciones dentro del documento oficial. China aspira a consolidar esta industria hasta superar los 10 billones de yuanes (aproximadamente 1,45 billones de dólares) para el año 2030.

Competencia con EE. UU. y menor cooperación
Las relaciones entre China y Estados Unidos, bajo el liderazgo de Donald Trump, seguirán marcadas por la competencia, pese a eventuales acuerdos comerciales.
Analistas advierten que ambas potencias buscan reducir su dependencia mutua, lo que podría disminuir la cooperación en ámbitos como la academia, la industria y la tecnología.
Obstáculos: chips y dependencia tecnológica
Uno de los principales desafíos para China sigue siendo la producción de semiconductores avanzados, un sector donde las restricciones impuestas por Washington han limitado su desarrollo.
Según Kendra Schaefer, el país asiático busca avanzar en áreas alternativas dentro de la cadena de suministro y en tecnologías emergentes donde aún no existe un dominio claro.
A pesar de estos retos, Beijing insiste en que su objetivo no es solo alcanzar a Occidente, sino superarlo y consolidar una soberanía tecnológica propia.






