Caldo de huesos, kombucha, chía: ¿beneficio real o exageración viral?

Caldo de huesos, kombucha, chía: ¿beneficio real o exageración viral?

El agua de semillas de chía, el gel de musgo marino, el caldo de huesos y la kombucha son algunos de los alimentos que inundan las redes sociales con promesas de «sanar» el intestino, mejorar el ánimo y aumentar la energía. Pero detrás del boom viral, los científicos piden cautela: la evidencia es desigual y, para la mayoría de las personas sanas, obsesionarse con la «salud intestinal» puede ser innecesario.

Qué es el microbioma intestinal y por qué importa

El intestino alberga el microbioma: billones de bacterias, virus y hongos que influyen en la extracción de energía de los alimentos, la regulación del azúcar en sangre, la defensa inmunitaria e incluso el bienestar mental. La presentadora científica de la BBC Caroline Steel lo describe como «más único que nuestra huella dactilar». Las investigaciones sugieren vínculos entre un microbioma saludable y menor ansiedad y mejor estado de ánimo, aunque este es un campo en desarrollo con nueva evidencia que surge casi a diario.

Lo que dice la ciencia sobre cada alimento viral

El microbiólogo Alan Walker y la doctora Megan Rossi, especialista en salud intestinal, analizaron cinco tendencias populares.

El agua de semillas de chía aporta fibra, que puede alimentar bacterias intestinales beneficiosas y favorecer la regularidad. Sin embargo, Walker advierte que ninguna fuente de fibra es suficiente por sí sola: «La diversidad es más importante que un solo ingrediente». Beberla no tiene riesgos, pero tampoco ofrece beneficios extraordinarios de forma aislada.

Los tragos de aceite de oliva tienen propiedades antiinflamatorias reconocidas y pueden aliviar el estreñimiento, pero no hay evidencia de que tomarlos concentrados sea mejor que incorporarlos a la comida habitual. «No hay una diferencia significativa entre beberlo solo o añadirlo a la comida», señala Walker.

El gel de musgo marino —un tipo de alga— aporta fibra y ciertos micronutrientes, pero Rossi advierte que «hay muy poca evidencia científica que respalde su uso para mejorar el microbioma». Además, las algas pueden contener metales pesados y yodo en cantidades que, en exceso, causan problemas de salud. Su uso está especialmente desaconsejado en personas con enfermedad inflamatoria intestinal.

El caldo de huesos es nutritivo y reconfortante, pero Walker explica que la mayoría de sus nutrientes se absorben en el intestino delgado, mientras que los microbios intestinales viven principalmente en el intestino grueso. «No hay pruebas sólidas de que tenga efectos beneficiosos sistemáticos sobre el microbioma», concluye. Rossi añade que puede elevar los niveles de colesterol si no se elimina la grasa saturada de la superficie.

La kombucha es el alimento que recibe la valoración más positiva: Rossi la recomienda en su versión tradicional por sus ácidos naturales y compuestos antioxidantes generados durante la fermentación. Pero advierte que no todas son iguales: hay que buscar las que tengan «flotadores» —señal de un cultivo vivo activo—, evitar las que lleven vinagre añadido y descartar las variedades sin azúcar con edulcorantes artificiales, incluida la stevia.

Lo que realmente funciona

Steel es directa: «La mayoría de nosotros no necesitamos curar nuestro intestino; si está sano, nada de esto va a marcar la diferencia». Las señales de alerta que sí ameritan consulta médica incluyen estreñimiento o diarrea persistentes, exceso de gases o dolor abdominal constante. En esos casos, las dietas de eliminación extremas no son la solución: «Si tienes un problema intestinal, algo como eliminar el pan no lo va a curar».

La recomendación de los expertos es más sencilla y menos viral: comer más plantas, aumentar la fibra y reducir los alimentos ultraprocesados.

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