El grupo rebelde hutí, respaldado por Irán, lanzó una ofensiva con drones y misiles contra cuatro ciudades del sur de Arabia Saudita, dejando 73 personas heridas y provocando incendios en instalaciones energéticas de Saudi Aramco.
Los insurgentes, que controlan gran parte de Yemen y su capital Saná, dirigieron los bombardeos hacia una base aérea en Khamis Mushait y refinerías en Abha, Najran y Jazan. Las autoridades sauditas confirmaron daños estructurales y víctimas civiles, incluyendo mujeres y niños, marcando uno de los atentados más graves desde el inicio de los enfrentamientos en febrero.
La escalada bélica provocó una reacción inmediata en los mercados internacionales: el crudo Brent aumentó más de un 2%, superando los 99 dólares por barril. Analistas advierten sobre una posible interrupción del suministro energético global, agravada por las restricciones de navegación impuestas por Teherán en el estrecho de Ormuz.
Ante esta situación, el portavoz de la coalición árabe, coronel Turki al-Malki, anunció que la alianza aplicará medidas contundentes de respuesta. En paralelo, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) reportó el desplazamiento de más de 18.500 personas en la costa occidental yemení debido al recrudecimiento de las hostilidades.






