El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, marcó una línea roja frente a la administración de Donald Trump tras el estallido del conflicto en Oriente Medio. En una alocución directa, Sánchez resumió la postura de su Ejecutivo en cuatro palabras: «no a la guerra», rechazando de forma tajante la ofensiva militar conjunta de EE. UU. e Israel contra Irán, que ya suma más de 700 víctimas mortales.
La tensión escaló luego de que España prohibiera el uso de sus bases aéreas para fines bélicos, provocando que Trump ordenara el cese de todo comercio con el país europeo. Sánchez, evocando los «errores del pasado» como la guerra de Irak, defendió la legalidad internacional y advirtió sobre las graves consecuencias económicas y humanitarias de una nueva escalada en el mercado del petróleo y el gas.
La negativa de España sobre las bases estadounidenses
La negativa de España a permitir que las bases aéreas de Rota y Morón de la Frontera sean utilizadas para la ofensiva contra Irán ha marcado un hito en las relaciones transatlánticas. Pedro Sánchez fue enfático al señalar que «no se puede responder a una ilegalidad con otra», refiriéndose a los bombardeos que acabaron con la vida del líder supremo iraní, Alí Jameneí. Esta postura ha colocado a Madrid en el ojo del huracán, enfrentando amenazas directas de Washington que podrían alterar el flujo comercial en todo el bloque europeo.
El mandatario español recordó con amargura la guerra de Irak, calificándola como un error histórico que solo trajo inseguridad y crisis migratorias. Al comparar la situación actual con los conflictos en Ucrania y Gaza, Sánchez advirtió que el mundo no puede permitirse «jugar a la ruleta rusa» con la estabilidad global. Para el líder del Ejecutivo, la defensa del Derecho Internacional no es una opción, sino una obligación para proteger a la población civil, que siempre es la principal víctima de la pólvora y el humo.
Impacto en la economía y el mercado energético
La preocupación no es solo diplomática; es profundamente económica. El anuncio de Donald Trump sobre cortar tratos con España, sumado a la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz, ha disparado las alarmas sobre el precio del gas y el petróleo.
Finalmente, el respaldo de la Comisión Europea a la soberanía española sugiere una fractura más profunda en el orden occidental. Mientras Israel y EE. UU. sostienen que los ataques buscan «eliminar amenazas», la comunidad internacional observa con temor una cifra de víctimas que ya supera las 700 personas. España, según concluyó Sánchez, no será «cómplice servil» de una estrategia que considera contraria a la paz y a los principios fundacionales de la Unión Europea, prefiriendo el aislamiento comercial antes que la renuncia a sus valores éticos.
Agencias/OZ






