El gobierno ruso ha fijado una postura contundente tras el intento de atentado perpetrado por Kiev contra una de las residencias oficiales del presidente Vladímir Putin en la provincia de Nóvgorod. Según el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, las Fuerzas Armadas de Rusia ya han diseñado una respuesta estratégica que definirá el «cómo, con qué y cuándo» se ejecutará la contraofensiva.
Un ataque contra el proceso de paz
Para Moscú, el lanzamiento de 91 drones de largo alcance —todos derribados por la defensa antiaérea— no fue solo un objetivo militar, sino un intento deliberado de dinamitar los esfuerzos diplomáticos actuales. Peskov subrayó que este «acto terrorista» busca socavar el diálogo entre Rusia y Estados Unidos, afectando directamente las gestiones del presidente Donald Trump para alcanzar una resolución pacífica.
«Estas provocaciones son incapaces de socavar el nivel de confianza entre ambos presidentes», enfatizó el vocero, confirmando que la comunicación entre el Kremlin y la Casa Blanca se mantiene firme pese a la escalada.
Indignación en Washington y Moscú
El canciller ruso, Serguéi Lavrov, destacó que el ataque ocurrió precisamente durante una fase intensa de negociaciones. Por su parte, el asesor presidencial Yuri Ushakov reveló que Donald Trump reaccionó con «estupor e indignación» al ser informado sobre el suceso, el cual tuvo lugar poco después de las recientes conversaciones en Mar-a-Lago.
Desde la Cancillería rusa, María Zajárova calificó la acción de Kiev como una «bofetada» a Trump y un intento desesperado de los sectores más radicales por frenar cualquier hoja de ruta hacia la paz. El propio mandatario estadounidense calificó el incidente como «una pena», mientras Rusia advierte que este suceso endurecerá significativamente su posición en la mesa de negociaciones.
Agencias






